Las plantas madre son fuentes inagotables de esquejes que crecerán y florecerán con las mismas características que su predecesor. Manteniendo sus mismas características cómo efecto, sabor, producción e incluso tiempo de floración.

Podría decirse, de hecho lo es, que se tratan de clones casi perfectos. Así que veamos cómo hacer una buena planta madre de Cannabis y lo más importante, cómo mantenerla sana y productiva para sacar muchos esquejes de ella.

¿Qué es una planta madre?

Cuando hablamos de una planta madre de hierba, nos referimos a una planta que está constantemente en el ciclo de crecimiento para evitar que florezca y termine su ciclo vital. Este tipo de plantas, son generalmente podadas siguiendo técnicas muy concretas para facilitar la producción de ramas.

Cuanto más ramificada sea una planta madre, mayor número de ramas podremos cortarle para hacer nuevos esquejes. Así dependiendo de las necesidades de esquejes de cada individuo, una planta madre puede ser de tan solo quince centímetros de alto y con tres o cuatro ramas o de más de dos metros y con centenares de ramas (cómo en las grandes industrias cannabicas).

¿Cómo elegir una buena planta madre?

Cuando una planta de marihuana destaca por algo, bien sea por su sabor, olor, efecto, producción o una mezcla de algunas o varias de estas características, se convierte en una excelente candidata a ser planta madre.

¿Por qué? Porque cuando algo destaca y nos gusta mucho, hay que conservarlo. Si hacemos una planta madre de esa genética tan especial, podremos conservarla indefinidamente y sacarle tantos esquejes como queramos, para cultivarla una y otra vez.

Además de destacar por algo, procura que sea un ejemplar vigoroso y sano. Ya que aunque esté muy rica, si es propensa a enfermar, adquirir plagas o apenas tiene vigor… no será un ejemplar digno de ser planta madre.

Cómo hacer una planta madre de Cannabis

Podemos crear una planta madre partiendo de una semilla o de un esqueje, es totalmente indiferente. La forma de crear una planta madre es crecer una planta cómo lo haríamos de forma normal, pero manteniendo constantemente un ciclo lumínico de crecimiento (más horas de luz que de oscuridad).

Una vez que nuestra planta de semilla o esqueje haya crecido un poco, comenzaremos a realizarle podas. Primero en el ápice superior, para que en vez de seguir creciendo con un tronco principal, crezca con dos puntas (de las que sacaremos más ramas).

Luego podaremos del a misma forma las siguientes ramas que vayan saliendo de esas dos punta principales e incluso de las ramas que vayan saliendo de las partes más bajas de nuestra planta.

La idea es ir obligando a la planta a que cada vez cree más y más ramas. Hasta llegar a un punto razonable, donde disminuiremos un poco la potencia lumínica (ojo, la potencia no las horas de luz), para que nuestra planta en vez de crecer como una loca, simplemente se mantenga.

También hay quien va doblando las ramas hacia los lados para estimular el crecimiento de nuevas ramas en cada nudo.

¿De qué tamaño debe ser una planta madre?

Haz una planta madre del tamaño que más te interese. Si tienes muchas plantas madre y solo les sacas tres o cuatro esquejes a cada una de vez en cuando, con hacer plantas madres pequeñas será más que suficiente.

Las plantas madre pequeñas podemos mantenerlas en macetas de un litro de capacidad (por ejemplo), para que no nos ocupen mucho espacio. Las plantas madre más grandes, necesitarán macetas de mayor tamaño, obviamente.

Una planta madre de un palmo de alto, es más que suficiente para un cultivador normal, que tiene un armario con 5 ó 10 plantas para su propio consumo.

¿Cuál es el mejor sustrato para una planta madre?

La sencillez es siempre la mejor opción, así que si no te quieres complicar la vida, utiliza tierra de calidad, específica para el cultivo de cannabis (aunque la composana también sirve perfectamente, aunque suele estar sobre-abonada y eso no es bueno).

Si sueles cultivar en fibra de coco, lana de roca o arlita… puedes mantener tus plantas madre en ese mismo sustrato. La fibra de coco tiene la facilidad de que ayuda a desarrollar bien las raíces de las plantas, por lo que puede ser también una excelente opción.

Cómo mantener una planta madre de Maria

No hay ningún truco mágico para mantener mejor a una planta madre de hierba, simplemente ten un armario limpio con luz apropiada para el ciclo de crecimiento del cannabis.

  • El ciclo lumínico siempre debe ser de crecimiento
  • No las estreses Utiliza abonos de crecimiento cuando sea conveniente
  • Realiza podas tanto de las ramas como de las raíces
  • Mantén una temperatura y humedad agradables para la planta

No es tan complicado ¿verdad? es simplemente crecer una planta, sin dejar que florezca. Podarla y mimarla, poco más.

¿Que tipo de luz necesita una planta madre?

Recuerda que para cultivadores amateurs, no es necesario crear plantas madre de dos metros… con unas pequeñitas es más que suficiente. Por eso, las clásicas bombillas de bajo consumo, las CFL o la luz Led (blanca) son más que suficiente para mantener sanas a nuestras P.M.

A modo de ejemplo, para mantener 4 plantas madre en un pequeño armario, basta con una bombilla de bajo consumo de 25w. Aunque si puedes elegir, lo mejor es un panel led (de esos silenciosos sin ventilador y regulables, tipo Quantum board).

¿Cuando abonar una planta madre?

Si utilizas tierra como sustrato, puedes abonar cada tres o cuatro semanas (una sola vez junto al riego). O cuando veas algún tipo de carencia. Elijas lo que elijas, recuerda no abonar nunca en exceso o estresarás a la planta. Abonar en exceso siempre es mucho peor que abonar poco.

Si utilizas fibra de coco como sustrato, puedes regar con abono una vez si y una no, para no saturar a la planta de nutrientes (no nos interesa que esté excesivamente abonada).

Utiliza un poco el sentido común, y recuerda que por abonas con más cantidad o mayor frecuencia, la planta no va a crecer más rápido ni mejor (todo lo contrario).

Poda de raíces

Te estarás preguntando por qué carajo hay que podar las raíces de una planta… una pregunta lógica. El motivo es, que cuando una planta crea un cepellón grande, coloniza toda la maceta con sus raíces y ve que no puedes desarrollar más raíces, entra en floración.

Así es, aunque tengamos el ciclo lumínico de crecimiento, la planta puede florecer por si misma si sus raíces llegan al límite. Por eso, una vez cada dos o tres meses, es recomendable sacar el cepellón de la maceta y cortar las raíces laterales. Rellenar la maceta con más tierra y meter lo que reste de cepellón.

No seas bruto y no cortes raíces de la parte central del cepellón o la planta morirá. Otra opción, es sacar un esqueje de esta planta madre y convertirlo en planta madre para mantener la genética y poder florecer la vieja planta madre, por ejemplo.